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El horror de Saló

abril 25, 2010 Deja un comentario

Calificarla de gore sería faltar a la verdad de la locura de Pasolini. No es gore, es otra cosa. No sé exactamente el qué, pero otra cosa. Es una invitación a cerrar los ojos, a esconder la cabeza entre los cojines y a hacer uso del flashforward del mando. Porque hay momentos en que eso no se aguanta.

La perversión del poder hecha película

Sí, la crítica es brutal, aterradora y probablemente necesaria, pero supera incluso la enfermedad. Lo que expone la película impide pensar hasta horas después de su visionado. Llama de mechero acercándose al pene, un enorme banquete de heces, sadismo muy por encima del sexo, las más dispares torturas… La sensación de vómito es hasta física, como igualando la película a una borrachera de las que te impide recuperar el equilibrio estomacal como poco durante esa noche.

La naturalidad con la que parece concebida la exposición de ese horror es de agradecer al director italiano. Las escenas son crudas en sí mismas, con los únicos límites de lo que llega a provocar la condición humana. Pero su exposición es simple, sin artificios que las vistan todavía más de lo que ya son. Tal vez por eso crean tal horror. Resulta difícil concebirla de otra manera, pero más difícil resulta imaginar hasta qué punto podría haber salido de ahí un monstruo (o uno más grande) si se hubiera forzado cada escena al límite de las posibilidades cinematográficas, buscando el escándalo, el horror y la exageración.

Siempre desnudos y no se me ocurriría calificarla de sexual

Sin equivalente. Es que resulta tan complejo pensar que alguien hoy pudiera siquiera atreverse a escribir con tal crudeza sin ser encerrado… Sólo el prestigio y la posición de Pasolini le permitieron la libertad creativa para crear Saló o los 120 días de Sodoma. Una libertad tan extrema que es complicado concebirla todavía mayor en esos polémicos rollos con escenas inéditas de la película que supuestamente fueron moneda de chantaje. Aunque no fuesen causa y efecto, da igual, la frase lo merece: una libertad tan extrema, la libertad tan extrema, que conduce a la muerte.

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