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Fernández Mallo: no eres…

Hay un par de cosas que la Generación Nocilla o los postpoéticos no son. Básicamente, un par de cosas que Agustín Fernández Mallo no es (como representante de ese nocillismo que no ha acabado de calar sino en su exclusiva figura). Detalles a los que no se le puede asociar, porque más que ayudarle, perjudica una imagen construida a retazos, cogiendo de aquí y de allá sin que la mezcla responda a la realidad, sino al interés.

La primera, la Generación Nocilla no es moderna. No. Los Smiths no son modernos. O tan modernos como que se disolvieron en el 87. Haber escrito influido por las canciones de Morrissey en los 80 habría sido moderno. Habría sido la hostia, además de modernísimo. Incorporar versos de sus estrofas habría sido, efectivamente, una gran decisión literaria en cualquiera que se hubiera atrevido a hacerlo en las letras españolas. Pero no en el Siglo XXI. Las referencias no son modernas: La Casa de la Pradera hace millones de años que no se emite, El Coche Fantástico y El Equipo A todavía pueden verse con la necesidad de relleno de los nuevos canales digitales, pero desprenden un indisociable sabor añejo…

Que se bañen los textos con algunas referencias indie pop actuales no convierte las palabras en modernas. Las referencias confesadas provienen de una adolescencia ya algo lejana. Vaya, que Fernández Mallo nació en el 67. Allá por entonces, todavía vivía el tío Paco.

Carne de píxel (izquierda) y Nocilla Dream (derecha)

El bueno…                                                                   y el malo

La segunda, el escritor coruñés no abandera una nueva corriente literaria, más allá del pedante artilugio comercial de la postpoesía. La estructura de sus Nocillas remite a algo tan clásico como el tablero de dirección de Cortázar. No es el fecundo mundo bloggero concentrado en un libro tradicional, en literatura. Es una construcción conocida, que no por capítulos escuetos, conexiones saltarinas y copias de párrafos literarios o estrofas de canciones, responde ya a un lenguaje hipertextual ni entronca con una escritura diseñada para la red.

Incorpora, sí, la ciencia como si de un elemento literario más se tratara. Pero eso, más allá de la brillantez o mediocridad del resultado (ahí sí, es el gusto el que prima), no es una nueva vía. Es un mestizaje poco explorado, es una explotación inusual y hasta reveladora. Pero no, no es una nueva literatura.