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Archive for the ‘Uncategorized’ Category

Si aquí no hay belleza…

No podía acabar sin reafirmarme en ello. Aquí está. La belleza contenida en dos minutos y cincuenta y cuatro segundos de videoclip. Kate Moss. Eso es una genialidad.

Ah, que los que tocan son los White Stripes. Just average…

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Kate Moss y la belleza

mayo 27, 2010 1 comentario

Es la bella. No hay más que verla. Si es que no debería existir la más mínima duda. Leo el desprecio que recoge Kate Moss en otros blogs y de verdad que me cuesta salir de mi asombro. Seré simple, no me apetece darle la vuelta a la belleza y la bestialidad. Kate Moss es preciosa. Lo es su rostro, lo es su cuerpo, el magnetismo de sus gestos, su movimiento, una relación con la cámara incapaz de reproducir cualquier otra modelo… El problema es centrar los juicios. Porque siempre van todos en la misma dirección.

La mayoría apuntan a su peso. Llegó a ser algo realmente doloroso para la vista. Su lengua hizo el resto (“Nada sabe mejor que estar delgada”) y pasó a convertirse en un antiicono. La representación del modelo de belleza más insano, de un prototipo de imagen capaz de destrozar vidas. Lo merecía. Fue por mucho tiempo (y si 30 kilos no lo remedian, raramente dejará de serlo) la contrapublicidad de la industria de la moda. Su delgadez actual, por lo menos, ya no genera malestar corporal al verla.

Kate, es que estabas de un delgada que asustaba...

El segundo de los juicios está en las adicciones. El mito rock star llevado al mundo de la moda. Y, si los cantantes no salían en las portadas del Mirror con unas rayas a punto, Moss sí lo hacía. No es fácil convertirse en una estrella del mismo brillo si en vez de un escenario pisas una pasarela. Ella lo intentó y lo consiguió. El Daily Mirror le echó un cable, claro está.

Llegados aquí, es difícil resistirse a censurarla. Pero esos anuncios, esa atracción y ese personaje tan labrado me lo ponen difícil. Plantearía buscar alguien mejor que Kate Moss para lo que Kate Moss realiza. Sería tramposo, pero no me queda otra que hacerlo. No hay mejor personaje que el suyo, no hay mejor mirada que la suya para poner cara a un bikini, no hay mejor baile que el suyo para protagonizar un videoclip, no hay… En el juicio de la valía, ella alcanza la categoría de genio. No me explico de otra forma que me pasen inadvertidas tantas top models y que recordara su cara y su postura a la primera ocasión. La mundanidad que parece rodear a esos lejanos mundos del glamour ayudan a minusvalorar sus virtudes.

Eh, que no siempre posa desnuda, qué os pensáis...

Sólo una cosa más. Me parece completamente irrenunciable la adoración de la belleza. El respeto por todo aquello estéticamente superior al resto. Ahí me planto. Difícilmente entenderé un ataque a la belleza, si me permite mirarla sin que pase el tiempo.

Y después de todo, todavía me asombro de que me guste la música de Pete Doherty.

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El triunfo de los blogs o de las boutades

No es este un blog deportivo, pero que la forma del asunto sea deportiva no implica que su trascendencia sobrepase a lo cultural en general, y al mundo blogger en concreto. Pequeña, aburrida y necesaria introducción al asunto: los New Jersey Nets son el peor equipo de la NBA. Esta temporada sólo han ganado 12 partidos de los 82 disputados. Ahí están los números. Más allá de lo deportivo, el equipo estaba sumido en una depresión en New Jersey, por lo que la franquicia se trasladará a Brooklyn para la temporada 2011-2012. En medio de ese cambio, aparece un oligarca ruso, Mikhail Prokhorov –una de las mayores fortunas del país; dueño del CSKA Moscú, uno de los dominadores del continente europeo en la última década–, y pone su fortuna a disposición de la franquicia. Se hace con un paquete accionarial mayoritario y la mitad del nuevo pabellón de Brooklyn, en una estrategia que bien podría escribirse como otro de los fines de la Guerra Fría (como tantos ha habido más allá de la caída del muro).

El meollo de esta entrada llega cuando Prokhorov desembarca en los Yuesei y presenta su proyecto. Como es lógico, todos los grandes medios estadounidenses morían por entrevistarle. Sólo dos pasaron el durísimo filtro: la popular emisora deportiva de New York WFAN y un blogger. Un jodido blogger pasando por delante de Sports Illustrated, SLAM y The New York Times. La trama la explica en detalle el New York Observer.

Mikhail Prokhorov atiende a Vinnie Rotondaro (Foto Matt Rodigheri - The Brooklyn Ink)

La historia es tremenda. Aventurarse a creer que supone la victoria definitiva de los blogs, menos. Tal vez alguna otra historia sí, pero esta… Que un millonario opte por saltarse las normas y darle una pequeña colleja a la prensa tradicional no es un triple de los nuevos medios on line. Es una resta al tradicional. El blog no es tan nuevo, no es tan rompedor, sigue siendo la columna personalista de alguna firma reconocida, el diario de aventuras de algún escritor aficionado, el desahogo (no tan) juvenil o la puerta de acceso. Como la de Vinnie Rotondaro con su entrevista a Prokhorov, que le ha valido un puesto de trabajo en el New York Daily News. Pero no son autosuficientes, no tienen vida propia a expensas del tiempo y la voluntad de sus autores. Y hasta ese triunfo, todo el resto serán caramelos para buscar la sonrisa cómplice, nada estructural.

No soy tan creyente (creo que ya se había notado…), aunque tampoco conecto con los agoreros que pronostican la muerte cercana. Me encanta leer algunos, les presto más atención que a muchos medios. Pero aquí, en esta historia, tal vez la excentricidad no me deje ver el triunfo del blog. Ojalá así sea. Ahora mismo, únicamente puedo creer que Rotondaros sólo hay uno.

¿Es el ganchillo de mi madre arte o artesanía?

La de horas que la veía ahí sentada en su butaca, fortaleciendo sus brazos al mover esas interminables agujas o aguzando su vista para contar esos minúsculos puntos. Ahora hace una época que ya no le dedica tanto tiempo, el que he necesitado yo para plantearme el debate artístico sobre su obra. Nunca pensé que eso pudiera ser más que una manera de llenar la casa de trapitos. La perspectiva, los cuadros de punto de cruz adorados por cada visitante y, por qué no, la consideración que se hace de arte sobre cualquier cosa, me llevan a intentar reconsiderar mi posición sobre los trapitos.

Empiezo por el resultado. Valorar lo artístico exclusivamente por la estación final del proceso permite deshacerse de prejuicios acerca del autor, de cómo lleva a término su proceso artístico y demás. Pero el resultado no pone todas las cartas encima de la mesa. Podría resultar arte, pero ser una copia. En ese caso, ¿sería o no arte?

Así que sigo por el proceso, aunque abandono pronto este punto. La canción del que compone chutado es arte porque su proceso creativo es molón. En cambio, el pintor que se levanta a las 7 de la mañana y pinta hasta la hora de comer, da de comer a sus hijos, y luego vuelve a coger el pincel hasta las 5, es funcionarial y, por lo tanto, no susceptible de ser considerado como arte. Juzgar por el proceso tiene graves peligros, así que lo dejo.

Ganchillo, punto de cruz, calceta, le da lo mismo...

Lo último es probar con la idea, con la chispa primigenia que desencadena el proceso que conducirá hasta el resultado final. Corre el peligro de olvidar la calidad durante y al final del acto. Pero, partiendo de ahí, dando por hecho que todo aquello que se precie de ser arte será bello como mínimo para algunos ojos, el factor diferencial está al inicio. Es bella la canción, sí, que nació de una tarde lluviosa (siempre llueve); es bello el cuadro, que nació de un paisaje costero.

Y también es bella la colcha de ganchillo (o eso dicen todos los que la ven), pero salió de una revista. Se reprodujo fielmente en todas y cada una de las puntadas los patrones que la revista dictaba que se debían seguir para que la colcha tuviese aquella forma y medida. Es la copia, la coerción de lo novedoso y lo original, lo que puede establecer si arte o artesanía. No deja de ser una injusta línea que deja millones de obras fuera de lo artístico. Pero más injusto todavía sería encuadrar todo lo bello en el arte.

El ganchillo de mi madre es artesanía. El punto de cruz también. Y son bonitos. O eso dice la gente. Hay tantas cosas bonitas… Sólo se me ocurre tener en más estima a partir de ahora la artesanía. Con todo lo bello que agrupa, no es para menos.

Benzina a medias

Cada vez que cae en mis manos (de forma más o menos obligada) una revista me cercioro de la poca atención que les presto y de lo mucho que me pierdo sin ellas. Como imbuido por esa actualidad del diario (papel u on line), que tantas veces me acaba aburriendo por repetitivo, no me es sencillo caer en la relajación y la perspectiva mensual de las revistas. Y debería hacerlo más a menudo.

Pues Benzina me ha supuesto una grata sorpresa. Esperaba referencias culturales mucho más lejanas, planteamientos más canónicos y plumas más clásicas. Y lo que me he encontrado no se corresponde del todo con ese perfil. En la última decena de números ocupan la portada personajes de la cultura tan públicos como Woody Allen, Fernando Arrabal, Manuel de Pedrolo o Najat El Hachmi (siempre representados con dibujos imitativos y coloridos). No son David Bisbal pero tampoco figuras rebuscadas de extrema élite.

Benzina, revista d'excepcions culturals

Por lo pronto, las portadas molan

El contenido parte de diferentes puntos culturales (música, arte, teatro, cine, literatura…) y recoge un amalgama de estilos considerable, aunque bajo un prisma moderno, sin rancios referentes y con múltiples aberturas a lo nuevo. Es probablemente eso lo que le aleje de marcar tendencia, faltado de lo que serían las mejores plumas de la literatura catalana –todavía instaladas en la prensa diaria–. A esas ausencias sonoras en lo que bien podría convertirse en un referente de las publicaciones periódicas catalanas se le suman las escasas páginas para tan múltiples intereses. El resultado es un picar de aquí y de allá, pero con la sensación de que cada número sabe a poco, pues la cincuentena de páginas apenas dan para recoger 4 o 5 reportajes y entrevistas en profundidad.

Como a medio camino entre una amplia tirada y una auténtica e irrechazable referencia cultural catalana, Benzina cuenta, por lo menos, con la consistencia creciente del Grup Comunicació 21, en el que se incluye la web Comunicació 21, probablemente la mejor página catalana sobre noticias del sector de la comunicación y una de las imprescindibles junto a 233 Grados.

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Obligado a Diderot

“El pensamiento es un bien de la humanidad y no tiene precio”. Nicolas de Condorcet
“El trabajo del artista y del escritor debe ser remunerado”. Denis Diderot

Dejé de adorar el preciado bien de la coherencia un día que leí por internet 4 periódicos distintos, la introducción de un libro, un par de capítulos de una serie y una película, pero agarré un mosqueo monumental porque publiqué un artículo en una web por el que no vi ni un duro.

No puedo sino agarrarme a Condorcet como lector. Porque la primera parte del párrafo anterior es de lo más maravilloso que está viviendo mi generación. Un acceso ilimitado a un tipo de cultura. Ilimitad y a un coste ínfimo. Tan infinito que se vuelve turbador: hay tantos millones de piezas artísticas al alcance que exaspera ser incapaz de abarcarlas todas y cada una de ellas. A veces preferiría que tuviera que comprarme VHS, libros y periódicos en el quiosco. Sería más pobre, pero menos loco.

Me negaré en público toda mi vida a confirmar a Diderot. Demasiado para el goce que me produce el desbocado arte a mi alcance. Aunque, en el fondo, en algún instante acabaré creyendo que, rodeado de proclamas de culturas sostenibles, la de Diderot es la única posible. Pero, repito, jamás lo reconoceré en público. Me avergonzaría poner precio al pensamiento. Sería altísimo, como lo es la maravilla de su difusión a todos y cada uno de nosotros. Que todos los pensadores vivan del aire, pues. Debe ser esa la única solución. Todo lo contrario iría contra lo poético, contra lo mítico de la figura de los creadores. Al fin y al cabo, sólo son locos. Nadie ve como normal a un genio, no queremos que desaparezca de sus vidas la mitología, porque sería contravenir la esperanza de una excentricidad que sobresalte la normalidad regente.

No en las películas, pero al final siempre aparece la SGAE. Y le dice al peluquero que pague. Éste consulta al abogado, que no puede sino decirle, mal que le pese, que los autores tienen la ley de su parte. No es la más bella de las escenas, pero es la que sostiene la película. Nuestro viejo mundo analógico-papelero siempre ha funcionado así. Todo lo que sea cambiarlo desemboca en un miedo atroz. Y nadie quiere pasar miedo, ¿verdad?

Defender a Condorcet y poner la mano cuando pase Diderot. No queda otra. Los artistas mentirán conscientemente si hace falta. Ya lo hacen, de hecho. Su condición de artistas, de genios, les impide negar que la gente se empape de sus obras. Su carácter terrenal, en el otro lado, busca el euro. O los escritores exponen en bibliotecas como si de museos se tratara o no hay más que resignarse a Diderot. Por miedo, como sentimiento profundo. No sea que un día quiera cobrar por escribir.

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Todos los turcos tienen bigote

Tantas veces se lo he escuchado a mi padre, que empecé a pensar que era verdad. Siempre que en televisión aparece un turco que lleva bigote, mi padre repite siempre la misma frase. Lógicamente, no la va a decir cuando sale un turco bien afeitado…

Yo, friki de lo mío, siempre empiezo a pensar en jugadores de baloncesto que lluzcan bigote. Tengo repasada mentalmente toda la selección de Turquía del último Eurobasket de Polonia. Y nada. Los que tenían bigote respondían a una especie de pseudobarba o perilla que, por propia definición, contenía un mostacho. Pero bigote, bigote, como nos ha enseñado Aznar toda la vida, no.

Entonces recordé al padre de la actual Turquía (bueno, o cada vez menos padre o cada vez más diferente actual Turquía), para concluir si su representación hacía extensible el bello facial a todo el pueblo. Y sí. Algunos de los retratos más comunes de Mustafa Kemal Ataturk le pintan con bigote. Debe ser eso. Que el líder marcó tendencia. Porque no creo que hubiera muchos turcos por España hace 35 años.

El tercer estadio de mi constatación me llevó a los miles de programas que pueblan las parrillas españolas sobre viajes o historietas varias desde el extranjero. Desde el precursor Afers exteriors de Mikimoto, el Dutifrí de Javier Sardá, Españoles en el Mundo, Madrileños por el Mundo, Castellanomanchegos por el Mundo, Callejeros viajeros… Intenté mirar los reportajes ambientados en Turquía, básicamente en Bizan… digo Constanti… O sea, Estambul, vaya. Y tampoco es que se vieran muchos bigotes en los segundos planos de Sardá o Mikimoto. Lo que sí que vi era que todos los programas se parecían sospechosamente, hasta el punto de transmitir, la mayor parte de ellos, la misma visión. Como si programas de supuesta obertura al mundo, de mentes amplias, fuesen los mayores reproductores de tópicos.

El Llongueras de Latre puede ser un ejemplo.

Por último, me di un paseo por los kebabs de mi ciudad. Ni un solo mostacho. Aquello ya tenía mala pinta.

Llegué a concluir que igual era mentira eso de que todos los turcos tienen bigote. Pero tampoco llegué mucho más lejos de ahí. Me apetecía afirmar que el bigote está demodé, sobre todo porque no tenía muy claro cuántas veces podría utilizar la palabra demodé en vi vida (y las oportunidades no se dejan escapar), pero entonces me acordé de Aznar. Me supo mal, pero no podía faltar a la verdad.

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