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Si aquí no hay belleza…

No podía acabar sin reafirmarme en ello. Aquí está. La belleza contenida en dos minutos y cincuenta y cuatro segundos de videoclip. Kate Moss. Eso es una genialidad.

Ah, que los que tocan son los White Stripes. Just average…

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¿Un periodista no es un escritor?

Pues no, Monzó. De verdad que ya cansa el tema de igualar periodistas y escritores como hermanos del alma, de la misma sangre, el mismo color de piel y el mismo barrio. Sí, ambos escriben, pero que no es lo mismo, Quim.

El periodista guarda esa relación íntima con la información y con la actualidad que no tiene absolutamente nada que ver con el escritor. El periodista tiene esa vinculación con el corto espacio y con lo fugaz que no entiende de largas distancias y pausadas reflexiones como el escritor. No quita que las armas de unos y otros sean las mismas y que me fascinen aquellos periodistas que hacen del lenguaje literario su marca de estilo en prensa. Pero que dos cientos escritores escriban columnas de opinión no iguala ambas clases. Unos son unos y otros son otros. Por mucho que algunos periodistas devengan magníficos escritores y algunos escritores se acaben desenvolviendo con maestría en géneros más cercanos a lo periodístico.

Para escribir una columna diaria tienes que escribir muchas cosas.
Y no hay tantas cosas interesantes en el mundo sobre las que escribir…

Ese proletario hermanamiento de sangre parece esconder la frustración de un periodista que se siente el hermano pobre, feo, paticorto y berrugoso del apuesto y esbelto escritor. Como una clase inferior. Y no es cuestión de clases. La igualación del periodista al escritor no puede sino aumentar la frustración de un periodismo cuyo nivel medio está muy lejos de la capacidad que se le presupone a un escritor.

El autoengaño para subir la autoestima del gremio se torna doble cuando se pretende embaucar también al lector: que todos vean en el creador del artículo una pluma como la que se encuentra cuando lee un libro (si no es de Dan Brown, claro). El resultado será de broma y la decepción del colectivo crecerá en espiral.

Los mensajes de optimismo son cíclicos. No puede refrenarse cualquier articulista de, llegado el momento, loar las virtudes de la profesión periodística y defenderla a ultranza ante los malhechores que la perturban. Como si fuera tan intocable que sólo ella decide sobre sí misma y sobre el resto. Y, de vez en cuando, le da por igualarse a los escritores. Otros días, la toman con mensajeros; otras con los jueces. El caso es no saber definirse por lo que sé es. Y luego venga a acariciarse para subirse el autoestima.

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Kate Moss y la belleza

mayo 27, 2010 1 comentario

Es la bella. No hay más que verla. Si es que no debería existir la más mínima duda. Leo el desprecio que recoge Kate Moss en otros blogs y de verdad que me cuesta salir de mi asombro. Seré simple, no me apetece darle la vuelta a la belleza y la bestialidad. Kate Moss es preciosa. Lo es su rostro, lo es su cuerpo, el magnetismo de sus gestos, su movimiento, una relación con la cámara incapaz de reproducir cualquier otra modelo… El problema es centrar los juicios. Porque siempre van todos en la misma dirección.

La mayoría apuntan a su peso. Llegó a ser algo realmente doloroso para la vista. Su lengua hizo el resto (“Nada sabe mejor que estar delgada”) y pasó a convertirse en un antiicono. La representación del modelo de belleza más insano, de un prototipo de imagen capaz de destrozar vidas. Lo merecía. Fue por mucho tiempo (y si 30 kilos no lo remedian, raramente dejará de serlo) la contrapublicidad de la industria de la moda. Su delgadez actual, por lo menos, ya no genera malestar corporal al verla.

Kate, es que estabas de un delgada que asustaba...

El segundo de los juicios está en las adicciones. El mito rock star llevado al mundo de la moda. Y, si los cantantes no salían en las portadas del Mirror con unas rayas a punto, Moss sí lo hacía. No es fácil convertirse en una estrella del mismo brillo si en vez de un escenario pisas una pasarela. Ella lo intentó y lo consiguió. El Daily Mirror le echó un cable, claro está.

Llegados aquí, es difícil resistirse a censurarla. Pero esos anuncios, esa atracción y ese personaje tan labrado me lo ponen difícil. Plantearía buscar alguien mejor que Kate Moss para lo que Kate Moss realiza. Sería tramposo, pero no me queda otra que hacerlo. No hay mejor personaje que el suyo, no hay mejor mirada que la suya para poner cara a un bikini, no hay mejor baile que el suyo para protagonizar un videoclip, no hay… En el juicio de la valía, ella alcanza la categoría de genio. No me explico de otra forma que me pasen inadvertidas tantas top models y que recordara su cara y su postura a la primera ocasión. La mundanidad que parece rodear a esos lejanos mundos del glamour ayudan a minusvalorar sus virtudes.

Eh, que no siempre posa desnuda, qué os pensáis...

Sólo una cosa más. Me parece completamente irrenunciable la adoración de la belleza. El respeto por todo aquello estéticamente superior al resto. Ahí me planto. Difícilmente entenderé un ataque a la belleza, si me permite mirarla sin que pase el tiempo.

Y después de todo, todavía me asombro de que me guste la música de Pete Doherty.

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El triunfo de los blogs o de las boutades

No es este un blog deportivo, pero que la forma del asunto sea deportiva no implica que su trascendencia sobrepase a lo cultural en general, y al mundo blogger en concreto. Pequeña, aburrida y necesaria introducción al asunto: los New Jersey Nets son el peor equipo de la NBA. Esta temporada sólo han ganado 12 partidos de los 82 disputados. Ahí están los números. Más allá de lo deportivo, el equipo estaba sumido en una depresión en New Jersey, por lo que la franquicia se trasladará a Brooklyn para la temporada 2011-2012. En medio de ese cambio, aparece un oligarca ruso, Mikhail Prokhorov –una de las mayores fortunas del país; dueño del CSKA Moscú, uno de los dominadores del continente europeo en la última década–, y pone su fortuna a disposición de la franquicia. Se hace con un paquete accionarial mayoritario y la mitad del nuevo pabellón de Brooklyn, en una estrategia que bien podría escribirse como otro de los fines de la Guerra Fría (como tantos ha habido más allá de la caída del muro).

El meollo de esta entrada llega cuando Prokhorov desembarca en los Yuesei y presenta su proyecto. Como es lógico, todos los grandes medios estadounidenses morían por entrevistarle. Sólo dos pasaron el durísimo filtro: la popular emisora deportiva de New York WFAN y un blogger. Un jodido blogger pasando por delante de Sports Illustrated, SLAM y The New York Times. La trama la explica en detalle el New York Observer.

Mikhail Prokhorov atiende a Vinnie Rotondaro (Foto Matt Rodigheri - The Brooklyn Ink)

La historia es tremenda. Aventurarse a creer que supone la victoria definitiva de los blogs, menos. Tal vez alguna otra historia sí, pero esta… Que un millonario opte por saltarse las normas y darle una pequeña colleja a la prensa tradicional no es un triple de los nuevos medios on line. Es una resta al tradicional. El blog no es tan nuevo, no es tan rompedor, sigue siendo la columna personalista de alguna firma reconocida, el diario de aventuras de algún escritor aficionado, el desahogo (no tan) juvenil o la puerta de acceso. Como la de Vinnie Rotondaro con su entrevista a Prokhorov, que le ha valido un puesto de trabajo en el New York Daily News. Pero no son autosuficientes, no tienen vida propia a expensas del tiempo y la voluntad de sus autores. Y hasta ese triunfo, todo el resto serán caramelos para buscar la sonrisa cómplice, nada estructural.

No soy tan creyente (creo que ya se había notado…), aunque tampoco conecto con los agoreros que pronostican la muerte cercana. Me encanta leer algunos, les presto más atención que a muchos medios. Pero aquí, en esta historia, tal vez la excentricidad no me deje ver el triunfo del blog. Ojalá así sea. Ahora mismo, únicamente puedo creer que Rotondaros sólo hay uno.

¿Es el ganchillo de mi madre arte o artesanía?

La de horas que la veía ahí sentada en su butaca, fortaleciendo sus brazos al mover esas interminables agujas o aguzando su vista para contar esos minúsculos puntos. Ahora hace una época que ya no le dedica tanto tiempo, el que he necesitado yo para plantearme el debate artístico sobre su obra. Nunca pensé que eso pudiera ser más que una manera de llenar la casa de trapitos. La perspectiva, los cuadros de punto de cruz adorados por cada visitante y, por qué no, la consideración que se hace de arte sobre cualquier cosa, me llevan a intentar reconsiderar mi posición sobre los trapitos.

Empiezo por el resultado. Valorar lo artístico exclusivamente por la estación final del proceso permite deshacerse de prejuicios acerca del autor, de cómo lleva a término su proceso artístico y demás. Pero el resultado no pone todas las cartas encima de la mesa. Podría resultar arte, pero ser una copia. En ese caso, ¿sería o no arte?

Así que sigo por el proceso, aunque abandono pronto este punto. La canción del que compone chutado es arte porque su proceso creativo es molón. En cambio, el pintor que se levanta a las 7 de la mañana y pinta hasta la hora de comer, da de comer a sus hijos, y luego vuelve a coger el pincel hasta las 5, es funcionarial y, por lo tanto, no susceptible de ser considerado como arte. Juzgar por el proceso tiene graves peligros, así que lo dejo.

Ganchillo, punto de cruz, calceta, le da lo mismo...

Lo último es probar con la idea, con la chispa primigenia que desencadena el proceso que conducirá hasta el resultado final. Corre el peligro de olvidar la calidad durante y al final del acto. Pero, partiendo de ahí, dando por hecho que todo aquello que se precie de ser arte será bello como mínimo para algunos ojos, el factor diferencial está al inicio. Es bella la canción, sí, que nació de una tarde lluviosa (siempre llueve); es bello el cuadro, que nació de un paisaje costero.

Y también es bella la colcha de ganchillo (o eso dicen todos los que la ven), pero salió de una revista. Se reprodujo fielmente en todas y cada una de las puntadas los patrones que la revista dictaba que se debían seguir para que la colcha tuviese aquella forma y medida. Es la copia, la coerción de lo novedoso y lo original, lo que puede establecer si arte o artesanía. No deja de ser una injusta línea que deja millones de obras fuera de lo artístico. Pero más injusto todavía sería encuadrar todo lo bello en el arte.

El ganchillo de mi madre es artesanía. El punto de cruz también. Y son bonitos. O eso dice la gente. Hay tantas cosas bonitas… Sólo se me ocurre tener en más estima a partir de ahora la artesanía. Con todo lo bello que agrupa, no es para menos.

Benzina a medias

Cada vez que cae en mis manos (de forma más o menos obligada) una revista me cercioro de la poca atención que les presto y de lo mucho que me pierdo sin ellas. Como imbuido por esa actualidad del diario (papel u on line), que tantas veces me acaba aburriendo por repetitivo, no me es sencillo caer en la relajación y la perspectiva mensual de las revistas. Y debería hacerlo más a menudo.

Pues Benzina me ha supuesto una grata sorpresa. Esperaba referencias culturales mucho más lejanas, planteamientos más canónicos y plumas más clásicas. Y lo que me he encontrado no se corresponde del todo con ese perfil. En la última decena de números ocupan la portada personajes de la cultura tan públicos como Woody Allen, Fernando Arrabal, Manuel de Pedrolo o Najat El Hachmi (siempre representados con dibujos imitativos y coloridos). No son David Bisbal pero tampoco figuras rebuscadas de extrema élite.

Benzina, revista d'excepcions culturals

Por lo pronto, las portadas molan

El contenido parte de diferentes puntos culturales (música, arte, teatro, cine, literatura…) y recoge un amalgama de estilos considerable, aunque bajo un prisma moderno, sin rancios referentes y con múltiples aberturas a lo nuevo. Es probablemente eso lo que le aleje de marcar tendencia, faltado de lo que serían las mejores plumas de la literatura catalana –todavía instaladas en la prensa diaria–. A esas ausencias sonoras en lo que bien podría convertirse en un referente de las publicaciones periódicas catalanas se le suman las escasas páginas para tan múltiples intereses. El resultado es un picar de aquí y de allá, pero con la sensación de que cada número sabe a poco, pues la cincuentena de páginas apenas dan para recoger 4 o 5 reportajes y entrevistas en profundidad.

Como a medio camino entre una amplia tirada y una auténtica e irrechazable referencia cultural catalana, Benzina cuenta, por lo menos, con la consistencia creciente del Grup Comunicació 21, en el que se incluye la web Comunicació 21, probablemente la mejor página catalana sobre noticias del sector de la comunicación y una de las imprescindibles junto a 233 Grados.

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Falso Zelig

El mentiroso menos mentiroso del mundo. O Leonard Zelig. Su aspecto muta como lo querrían hacer tantas personas para sentirse integrados en cada lugar que pisaran. Así, a Zelig tanto le da la Alemania nazi que una colonia judía o un grupo negro. Él siempre va a ser aceptado porque, en todas partes, es uno de ellos.

No es ese el motivo del (falso) documental. No ha existido nadie que se hubiera manifestado de tantas formas, aunque más de un estafador podría entrar en una pequeña parte de ese perfil. El mockumentary viene por el planteamiento que adopta Woody Allen para presentar al personaje que encarna él mismo. [Por cierto, ya no sé qué patrón de película de Allen prefiero: aquel en el que se dirige a sí mismo o en el que comanda a Scarlett Johansson].

Los diversos aspectos del camaleónico Leonard

Diversos testimonios relatan a la cámara cómo se cruzaron con Leonard y dan su versión acerca de los diferentes aspectos que adoptaba en los diferentes lugares. Esos testimonios, intercalados con representaciones de las actuaciones de Zelig salvan el salto temporal y ofrecen algo de dinamismo al film. Aunque, para lo que tiene acostumbrado Woody Allen, la película transcurre en mi cabeza demasiado lenta.

No estoy preparado, quizá, para ello. Me cuesta sentarme ante un trabajo de Woody Allen y no encontrarme con una película en el más estricto sentido de la palabra. El documentalismo actúa como divisor de algunas de las cualidades del cineasta neoyorkino que, para mí, nunca han sido tantas como extraordinaria y unánimemente se le reconocen.

Más en boga actualmente que en 1983, puede recaer en Allen el interés por un lugar no tan explorado como lo es hoy y un afán por buscar nuevos territorios fílmicos en su carrera. Sin duda, algo diferente a los falsos documentales que proliferan ahora, con menos vocación fílmica y más de crítica, de estudio o de divulgación.

A mí, repito, el resultado no me convence. Y mira que detesto resumir de este modo una película. Pero es que Woody Allen me despierta una tremenda modestia en las valoraciones. A todos les merece elogios, todos alaban sus virtudes, todos ensalzan sus obras, que me da por pensar que algo no soy capaz de ver en ellas para que no me despierten la misma aduladora sensación. Eh, pero de momento sólo con Woody Allen, no nos pasemos…

El inicio del falso documental, o película, al fin y al cabo

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