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Kate Moss y la belleza

Es la bella. No hay más que verla. Si es que no debería existir la más mínima duda. Leo el desprecio que recoge Kate Moss en otros blogs y de verdad que me cuesta salir de mi asombro. Seré simple, no me apetece darle la vuelta a la belleza y la bestialidad. Kate Moss es preciosa. Lo es su rostro, lo es su cuerpo, el magnetismo de sus gestos, su movimiento, una relación con la cámara incapaz de reproducir cualquier otra modelo… El problema es centrar los juicios. Porque siempre van todos en la misma dirección.

La mayoría apuntan a su peso. Llegó a ser algo realmente doloroso para la vista. Su lengua hizo el resto (“Nada sabe mejor que estar delgada”) y pasó a convertirse en un antiicono. La representación del modelo de belleza más insano, de un prototipo de imagen capaz de destrozar vidas. Lo merecía. Fue por mucho tiempo (y si 30 kilos no lo remedian, raramente dejará de serlo) la contrapublicidad de la industria de la moda. Su delgadez actual, por lo menos, ya no genera malestar corporal al verla.

Kate, es que estabas de un delgada que asustaba...

El segundo de los juicios está en las adicciones. El mito rock star llevado al mundo de la moda. Y, si los cantantes no salían en las portadas del Mirror con unas rayas a punto, Moss sí lo hacía. No es fácil convertirse en una estrella del mismo brillo si en vez de un escenario pisas una pasarela. Ella lo intentó y lo consiguió. El Daily Mirror le echó un cable, claro está.

Llegados aquí, es difícil resistirse a censurarla. Pero esos anuncios, esa atracción y ese personaje tan labrado me lo ponen difícil. Plantearía buscar alguien mejor que Kate Moss para lo que Kate Moss realiza. Sería tramposo, pero no me queda otra que hacerlo. No hay mejor personaje que el suyo, no hay mejor mirada que la suya para poner cara a un bikini, no hay mejor baile que el suyo para protagonizar un videoclip, no hay… En el juicio de la valía, ella alcanza la categoría de genio. No me explico de otra forma que me pasen inadvertidas tantas top models y que recordara su cara y su postura a la primera ocasión. La mundanidad que parece rodear a esos lejanos mundos del glamour ayudan a minusvalorar sus virtudes.

Eh, que no siempre posa desnuda, qué os pensáis...

Sólo una cosa más. Me parece completamente irrenunciable la adoración de la belleza. El respeto por todo aquello estéticamente superior al resto. Ahí me planto. Difícilmente entenderé un ataque a la belleza, si me permite mirarla sin que pase el tiempo.

Y después de todo, todavía me asombro de que me guste la música de Pete Doherty.

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Categorías:Uncategorized Etiquetas: ,
  1. daniblog31
    mayo 28, 2010 en 8:04 pm

    Su trabajo es ser preciosa, y es muy buena en su trabajo. Para qué dar más vueltas? Que no es el mejor ejemplo? Tampoco lo eran Dalí, Van Gogh ni Cobain. Y no veo a mucha gente dudar de su genialidad.

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